¿Se vive diferente según la edad que tengas?

      Si, La experiencia de duelo es vivida de forma diferente según la etapa vital en la que se encuentre la persona, las diferencias vienen determinadas por su desarrollo, tanto cognitivo como emocional.

    El concepto de muerte incluye los parámetros de irreversibilidad, finalidad, universalidad y causalidad, que se van incorporando en la conceptualización del niño a través de su desarrollo evolutivo (Shoenfeld 1989).

      Según la edad:

De 0 a 2 años:
A esta edad aún no tienen capacidad para entender el concepto de muerte ni pueden comunicar sus necesidades verbalmente, pero si pueden percibir la ausencia del padre, la madre, o la persona de referencia que le cuida, sufren por esta separación y es vivida como un abandono que amenaza su seguridad, también pueden percibir la ansiedad de las emociones de quienes les rodean.
Su estado de ánimo lo muestran con irritabilidad, falta de sueño, llanto y en general con conductas de protesta que muestran la desesperación e incomodidad de sus sentimientos.
Es conveniente mantener las rutinas habituales en alimentación, descanso y atención por parte de los adultos de referencia, esto proporcionará al niño/a una percepción de normalidad que incrementará su seguridad y reducirá su ansiedad.).

De 2 a 6 años:
A esta edad aún no han adquirido el concepto de irreversibilidad de la muerte y la consideran como algo temporal, Las reacciones habituales suelen tener un mayor componente somático y conductual, pueden aparecer con más frecuencia las rabietas, irritabilidad, ambivalencia, conductas regresivas, malestar físico, alteraciones de los patrones de sueño y alimentación, miedos inespecíficos y búsqueda continua de proximidad con los adultos de referencia.
Ya han comenzado a desarrollar el habla y son capaces de tener una cierta capacidad de expresión y comprensión, es conveniente dejar que hablen y centrarse en escuchar, aunque la muerte no les angustia sienten mucha curiosidad, por lo que es importante responder a sus preguntas sin eufemismos del tipo “se ha ido”, “está de viaje” etc… que les puedan confundir y asustar, ofreciendo tranquilidad, seguridad y coherencia, es importante que las respuestas se ajusten a lo que preguntan sin tratar de dar largas charlas que les puedan confundir aún más. Es muy posible que hagan las mismas preguntas varias veces, hay que tener en cuenta que su capacidad de comprensión de la muerte es aún limitada.

De 6 a 10 años:
A esta edad ya van adquiriendo progresivamente el concepto de irreversibilidad, son capaces de tener conocimiento del ciclo vital común a todos los seres vivos, de saber que este termina con la muerte y que es para siempre. Pueden reaccionar con miedo y sentirse vulnerables ante la muerte. También pueden negar los sentimientos, aparentando indiferencia, pueden sentir culpa, rabia y agresividad con las personas del entorno, malestar físico y disminución de la concentración. Conviene normalizar y permitir que se expresen, dejándoles claro que no tienen ninguna culpa de lo sucedido.

Preadolescentes de 11 a 14:
En esta etapa se plantean su propia muerte, entienden los rituales que se hacen para despedirse del fallecido y es frecuente que sientan ansiedad, confusión general, ira, rabia y sentimiento de fracaso o negar lo que ha sucedido. Les cuesta mucho contar lo que sienten siendo conveniente que los adultos estén disponibles y faciliten la expresión emocional…

Adolescentes de 14 en adelante:
Las manifestaciones son similares a las de los adultos pero el malestar físico es muy importante. Normalmente huyen de las emociones. Suelen ser habituales los cambios de comportamiento, cierto aislamiento, pérdida de interés… Puede darse un menor rendimiento escolar, faltas de asistencia, abuso de sustancias… Tener en cuenta que para ellos es muy importante su grupo de amigos y se recomienda buscar la manera de que ellos puedan expresarse.

Personas mayores:
La mayor dificultad a la que habitualmente se enfrentan las personas mayores es el profundo sentimiento de soledad. Suelen tener dificultades para adaptarse y en ocasiones intentar vivir según lo que esperan los demás de ellos. El nivel de autoestima y de habilidades personales que hayan desarrollado durante su vida influirá en su proceso de duelo.